Desaceleración
Hoy quiero escribir de algo de lo que se habla poco, pero que todo opositor veterano conoce: el temible bajón post-suspenso. Las personas que tienen la enorme suerte de aprobar en poco tiempo no tendrán que pasar esta asquerosa etapa en la que dudas hasta de quién eres. Sin embargo, si eres como yo, una opositora que se ha tropezado en distintas piedras en este camino, seguramente entenderás lo que quiero decir.
Cuando suspendes el oral, bien porque te hayas retirado, bien porque te hayan retirado o bien porque has cantado todo y has resultado no apta (mi situación este año), la sensación podría definirse como de "desaceleración". Durante las últimas semanas has vivido como si fueses un bólido propulsado a una velocidad enorme, que se levanta a las 6 de la mañana y se acuesta a las 12 de la noche y lucha todas las horas del día contra el reloj, a ver si puedo meter un tema más, a ver si puedo cantarme este otro que llevo regular, peleándose con el planning y saliendo pocas veces victorioso. Ese bólido toca tierra el día del examen oral en el TS, y la desaceleración es mortal, pasas de 100 a 0 en lo que dura tu examen. Y cuando sales con un suspenso en tus espaldas, aunque tú sepas que ya ha acabado la batalla y que la has perdido, tu cuerpo y tu mente aún siguen en esa inercia. Ha habido una desaceleración bestial pero tú todavía no eres consciente de sus efectos.
Yo he estado unos cuantos días en ese íterin entre el suspenso y la consciencia real del mismo. Es decir, en todo momento supe que mi realidad era esta, que estaba fuera de esta convocatoria y de este proceso selectivo, que había perdido la oportunidad de luchar en la mejor oferta de plazas que se ha hecho en los últimos 7 años y que esto podría costarme la plaza y mi sueño, porque este año no está nada claro que vayamos a tener convocatoria y si la hay todo apunta a que será de nuevo de 100 plazas. Durante unos días he mantenido el estado de alerta y adrenalina propio del examen, y es lógico. Las últimas semanas (y meses; prácticamente desde antes del test) he llevado mi cuerpo y mi mente más allá de sus posibilidades, he estudiado más que nunca antes en mi vida y he luchado contra el cansancio sin darle una mínima tregua. Y de dormir 6 horas al día, comer entre apuntes y que mi ocio se redujese a pasear al perro 20 minutos después del desayuno, he pasado a no hacer nada en todo el día, dormir hasta las 10 de la mañana, tener demasiado tiempo para pensar y, en definitiva, después de unos días de mantenerme en ese estado inducido por la química que el propio organismo general, ha llegado la caída, la bajona, la desaceleración.
En este momento es cuando hay que ser realmente fuerte. Porque es ahora cuando te asaltan todas las dudas, el si seré capaz de hacerlo, el porqué otras personas que empezaron conmigo ya lo han conseguido, o por lo menos han logrado superar el primer oral cuando yo no he podido con ello pese a mi esfuerzo, a cuestionarte si no será este objetivo demasiado grande para ti, a sentir rabia contigo misma y rabia con los demás aunque no tengan la culpa, porque eso no importa, la culpa siempre la vas a sentir como tuya aunque te hayas dejado la piel. Es el momento de perdonarse, de intentar recordar el esfuerzo inhumano, de decirse a una misma que luchaste hasta la extenuación aunque perdiste, y que muchos campeones han perdido antes muchas veces, aunque siempre se entrenaron duro para ganar. No es cierto que esforzarse más implique aprobar antes, o tan siquiera aprobar.
Pero esas frases hechas, que tanto conoces, tardarán tiempo en calar, porque ahora mismo estás impermeable a todo. Estás en la mierda, básicamente. Sabes que saldrás de ella porque lo has hecho otras veces, porque aun late dentro de ti la ilusión por vestir la toga con puñetas, porque todavía no han logrado apagar tu estrella. Mientras te reconstruyes, pides perdón en silencio a los demás, por haberles defraudado, pero sobre todo a ti misma, tu peor juez, la más implacable. Recuerdas mil veces el examen y todo lo que pudiste decir y no dijiste. Miras las actas y te alegras de los compañeros aprobados pero al mismo tiempo te preguntas porqué tú no.
El bajón pasará, con el tiempo pero también con la intención y el esfuerzo porque pase. No podemos asentarnos en la autocompasión. Es imperativo permitirnos unos días de tristeza, de rabia (nunca de victimismo; odio el victimismo) pero finalmente hay que remontar el vuelo. Como el ave Fénix, analizar nuestros errores, levantarse del barro y seguir peleando.
Es así como se gana.
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